Origen del primer domingo de Mayo

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Origen del primer domingo de Mayo

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De las distintas fiestas populares que se celebran en el municipio de Santa Eulària des Riu, una que se distingue por su majestuosidad es la que se celebra el Primer Domingo de Mayo en la Villa. 

 

Antiguamente era un magnífico espectáculo comprobar cómo gran cantidad de carros engalanados, así como hombres y mujeres ataviados con sus trajes típicos provenientes de los más diversos lugares de la isla, se daban cita en este día tan especial en la Villa del Río, para celebrar la referida fiesta. 

Decían ellos: "anam a maig" con gran entusiasmo al comienzo de las fiestas, y "venim de maig", pronunciado con desánimo y cansancio una vez celebradas las fiestas.


Si queremos buscar los orígenes de la fiesta, tendremos que remitirnos a la leyenda existente sobre la misma. Ya sabemos que todas las leyendas tienen algo de veracidad, por lo tanto bueno será que la recordemos.

 

Existe al lado de Ses Estaques un pequeño monte conocido desde tiempos inmemorables como S´Església Vella. Cuentan que se denomina así porque en la cumbre se asentó la primera iglesia que hubo una la Villa (evidentemente no debía tratarse de una como las actuales, sino más bien una pequeña capilla o ermita seguramente).


Un día que los fieles habían terminado de oír la misa en la misma, y tras salir del lugar, oyeron un enorme estruendo comprobando que dicha iglesia acababa de derrumbarse y que las paredes habían caído, junto con la campana, por el acantilado al fondo del mar. El hecho de que el derrumbamiento se hubiera producido cuando la gente en su totalidad había abandonado la iglesia, fue interpretado por el pueblo como un milagro y como quiera que este hecho tuvo lugar el primer domingo de mayo, a partir de entonces, todos los años se comenzó a celebrar dicha festividad. Cuenta también la leyenda que en las noches de tormenta, los barcos que pasaban por las cercanías del lugar podían percibir los tañidos de la campana desde el fondo del mar, que avisaba a los navegantes de la proximidad de la costa y del peligro que corrían.

Quien haya tenido la oportunidad habrá podido comprobar el misterio y la magia que envuelven a este pequeño monte que es la Església Vella y seguro también que los primeros pobladores de la Villa también lo habían descubierto.