Historia del municipio

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Historia del municipio

 

El mar Mediterráneo ha sido a lo largo de los siglos la cuna de diversas culturas; dentro de ella Ibiza se encuentra en una privilegiada situación en el occidente del Mare Nostrum de los romanos. Este hecho la convirtió en encrucijada destacada en los caminos de diferentes civilizaciones. Antes de ser derrotados por los romanos, los cartagineses habitaban la isla, después de sustituir a los fenicios que se habían establecido donde antes había habido población prehistórica. Todos ellos dejaron restos en el territorio que después, con el Islam, se denominaría Xarc -levante, en árabe- y después Santa Eulària, bajo los cristianos. 

Los nobles capitaneaban el ejército que el año 1235 integró a las Pitiusas en el seno de la corona catalano-aragonesa de Jaime I. Arrebatándoselas a los musulmanes que las habitaban desde los albores del siglo X, repartieron las tierras adquiridas entre los soldados y las familias catalanas que habían acudido seducidas por la posibilidad de encontrar mejores condiciones que en sus lugares de origen (Tarragona, Barcelona, Ampurdán...). Gracias a estas distribuciones sabemos que, en época islámica, la isla se dividía en circunscripciones; la que estaba situada más a levante recibía el nombre de Xarc -levante, en árabe. 

Desde principios del siglo XIV, este topónimo árabe cedió su lugar a otros: Quartó del Rei, porque era el monarca quien tenía la jurisdicción y recibía los beneficios de los impuestos que pagaban sus pobladores, o de Santa Eulària, porque se había construido una capilla bajo la advocación de esta santa. Ambos designaban la porción de tierra que se situaba entre el Port de Benirràs al norte y el de Cala Llonga al sur. La importancia de esta circunscripción radicaba, más que en su gran extensión geográfica, en el hecho de tener una corriente continua de agua que permitía el funcionamiento de molinos harineros en una época en la que el pan era alimento básico para casi todo el mundo. El río y los molinos fueron la semilla del futuro pueblo de Santa Eulària y toda la isla acudía a ellos para moler. A su alrededor, sobre una colina que los dominaba, se edificó una iglesia fortificada para defenderse de los ataques que los corsarios del Magreb, y más tarde los turcos, dirigían contra las costas cristianas. Este primer templo fue destruido en uno de estos ataques, a principios del siglo XVI. Poco después, a mediados del mismo siglo, se construyó lo que hoy conocemos como iglesia del Puig de Missa. 

Poco había cambiado su entorno desde los siglos anteriores. La gente seguía viviendo dispersa aquí y allá por el campo y no existía el pueblo. Los molinos seguían siendo imprescindibles para la isla. Recuas de animales de tiro iban y venían y fue necesario construir un buen puente, el Pont Vell, sobre el río. La zona de los molinos era un centro neurálgico que, como las salinas, solía ser el blanco de violentos ataques que se llevaban personas y mercancías, a pesar de la presencia de la elevada iglesia donde corrían a refugiarse molineros, trajineros y payeses al oír el toque de rebato de caracolas y campanas. 

A partir de la segunda mitad del siglo XVII, los peligros del mar disminuyeron y volvieron a ser los ibicencos quienes sitiaban las costas norteafricanas. La iglesia de Santa Eulària creció en los siglos XVII y XVIII: le adosaron capillas de estilo barroco, de acuerdo con la corriente artística del momento, y los magníficos porxos, donde los fieles se refugiaban antes de entrar o al salir de misa los domingos. Era un lugar importante para la vida social de una población que se reunía de tarde en tarde. En ellos se hacían las lecturas de los bandos oficiales, los parlamentos, circulaban las noticias, pero también tenían un lugar las miradas, las elecciones amorosas, los susurros de las mujeres y las risas contenidas... Los nuevos ámbitos añadidos consiguieron disimular un poco aquella apariencia tan guerrera de la fisonomía del templo dedicado a la santa. 

Los siglos XVII y XVIII fueron malos para Ibiza. Desde el siglo XVI el Mediterráneo ya no era el centro ya que América lo había desplazado en los mapas y apartado de muchos intereses mercantiles que antes le daban vida. La unión de las coronas catalana y castellana dejó a Ibiza más lejos de su rey que cuando éste estaba en Barcelona, Valencia o Mallorca. Finalmente, con la Ilustración, llegó la hora de un nuevo impulso. La Ilustración había formado intelectuales con ansias de reforma. La concesión del título de ciudad a la antes villa d"Eivissa permitió la elección del Obispado ibicenco en 1782. La capilla de Santa Eulària, que antes había sido ascendida a vicaría, alcanzaba ahora la categoría de parroquia. Uno de los primeros obispos, Eustaquio de Azara, intentó acabar con el predominio de la población dispersa en Ibiza siguiendo la mentalidad ilustrada, que fomentaba la formación de pueblos. Adquirió terrenos alrededor de la iglesia y pagó la edificación de casas donde, bien pronto, se instalaron las primeras familias. Era el primer núcleo urbano de Santa Eulària. 

Mientras tanto, los nuevos reyes, surgidos del cambio de dinastía en la corona de España -de los Austrias a los Borbones mediante una guerra en la que Ibiza, Cataluña, Valencia y Mallorca lucharon por el bando derrotado-, habían transformado en municipio, previa modificación de sus límites, los antiguos cuartones. A la todavía casi inexistente villa de Santa Eulària, le tocó ser capital del municipio, que llevaría su nombre. Antes sólo tenía un representante, un batle quartoner en el Consell de la Universitat, órgano rector de toda Ibiza y Formentera que, como consecuencia de las reformas administrativas, desaparecería entonces. De todas maneras, la división municipal no alcanzará su forma definitiva hasta 1833.

El éxito del obispo Azara fue parcial ya que la ubicación a la sombra de la iglesia del Puig de Missa de las nuevas casas contaba con graves inconvenientes de espacio y servicios. Pero a principios del siglo XIX se trazó el definitivo pueblo de Santa Eulària, en el llano situado en la parte de levante de la colina de la iglesia. Se trazaron dos vías principales, la actual calle Sant Jaume y el paseo S"Alamera, que presidía, y lo sigue haciendo, un magnífico edificio público destinado a cuartel de la Guardia Civil y a ayuntamiento (en la actualidad todo el edificio es la sede del Ayuntamiento de Santa Eulària des Riu). Con estos ejes como base se trazaron a cordel el resto de las calles. Esta red urbana y algunas de las casas de entonces todavía se conservan hoy. Por fin, se había formado un verdadero pueblo. Tenía agua corriente, el río y las acequias se encargaban de ello. Después llegarían más mejoras, la semilla del siglo XVIII iba dando paso a un árbol: el puente nuevo, el primer coche, la electricidad... también la guerra..., pero al fin el turismo y, con él, el despegue económico, los servicios y la prosperidad. 

Bibliografía consultada: SANTA EULÀRIA DES RIU -EIVISSA- Text: Antoni Ferrer Abárzuza Fotografia: Santi Barberán Col.lecció: Mediterrània vol.I